Pablo. Sin ego, sí hay paraíso… Gestión del talento – ¡ Lunes por fin ! – Blog laboral

Pablo. Sin ego, sí hay paraíso… Gestión del talento

Apreciado Pablo:

Llevábamos tiempo sin vernos, unos mensajes puntuales hacían que mantuviéramos viva la llama. Y qué gran alegría me llevé cuando el pasado lunes nos juntamos para tomar aquel café que teníamos pendiente, café tantas veces pospuesto. La primera impresión que tuve al verte era la de una persona feliz, aquel brillo en tus ojos me decía que todo funcionaba, aquella pícara sonrisa  no hacía más que confirmar tu estado, no podías disimularlo.

Cómo me alegré de aquella primera impresión.

Pablo, siempre, reconozco mi egoísmo, he considerado que parte de ti era mía. Perdona Pablo, ya sé que no es justo, pero es lo que siento. Te conocí hace no muchos años, cinco más o menos. Venías a mejorar una parcela de nuestra compañía que requería mucha habilidad. Habilidad sobre todo conmigo. Tenías que implantar aquel modelo de producción dentro de un entorno Lean y tenías que decirme que había que implantar nuevos métodos de procesos. Esos cambios que tanto nos molestan…

A mí, curtido en mil batallitas, me viene a decir como tengo que hacer las cosas. “Este chaval será muy listo, pero no sabe por donde le pega el viento”, frases como esta y peores rondaban mi cabeza.

Antes habían pasado otras personas para esta tarea y no lograron avanzar en el proyecto. Les faltaba, creo yo, “algo”. Esa virtud que a ti te sobraba: humildad.

Allí llegaste, con tu estilo especial, cómo me gusta este vocablo, llegaste y desde un principio te pusiste a aprender, a escuchar, a profesar admiración por aquellos que te podían enseñar y a los que, con esta actitud, les hacías importantes. Además no fingías y aquella sonrisa seducía.

Nos descolocaste a todos, rompías los moldes de todos los que por allí habían pasado. Aquellos  que intentaron imponer sin antes escuchar.

En el poco tiempo que estuvimos juntos me ayudaste una barbaridad. Me enseñaste a apreciar todo aquello que, poco antes, despreciaba. Con aquella humildad sincera, con tu disposición a ayudar, con tu capacidad a ponerte en el “lugar del otro” y pensar como la otra parte. Pablo, gran tipo…

Pero llegó el día en el que decidiste dejarnos, tu saber y buen hacer te obligaban a “surcar nuevos mares” y  ese día fue triste, para todos muy triste, de verdad. Me imagino que mi egoísmo podía a mi razón. Te fuiste y, como no podía ser de otra manera, empezaste con otro nuevo proyecto de más, llamémosle, categoría. Otro proyecto que te puso a prueba y también lo superaste. Creo que el único que dudaba de tu éxito eras tu, apreciado Pablo.

Y, coincidiendo con mi jubilación el pasado Mayo, me llamas por teléfono para decirme que te encuentras ante un nuevo reto en una nueva y prestigiosa compañía.

“Que tienes mil dudas” ,”que si doy mala imagen con tanto cambio”, “que este es un tema serio”, “diferente a todo lo anterior…”

Conforme me comentabas el nuevo planteamiento veía que me estaba entusiasmando como si fuera para mí la propuesta que te habían realizado. Me venían recuerdos de mis experiencias laborales y te “envidiaba”, pero también  me ilusionaba por ti.

Por fin diste el paso y, ahora volvemos al principio, me comentas que estas feliz, que te han ofrecido un plan de formación atrayente y debidamente estructurado que requiere un gran esfuerzo para ti y para la compañía. Esta, que se ha dado cuenta de lo que tiene “entre manos”, acelera en formarte, en mantener y alimentar la pícara sonrisa, normal…

Me hablas de tu jefe, de sus virtudes, de tantas cosas “buenas”…,  y, aunque lo diga en voz baja, siento  cierta sensación de celos…

Cuantos diamantes en bruto se nos escapan de nuestras compañías por nuestra torpeza en no detectar talentos… Cuantas veces escuchamos y decimos frases del estilo: A donde va a ir este, donde va a estar mejor que aquí…

Pablo, no  voy a decir que lo aproveches, sé que lo harás y superaras con nota este nuevo reto.

No obstante,  siento una gran pena, pena por no haberte brindado lo que merecías, por no valorar  tu capacidad, tu forma de ser, tu humildad.

Suspendimos en aquella faceta de la gestión del talento. Ahora que tanto se habla del mismo…

Para terminar, y pese a pensar que era un tipo “experimentado”, contigo aprendí la importancia de la obediencia y sumisión y, sobre todo, de que “sin ego, sí hay paraíso”…

Gracias Pablo,

Mª Jesús. La empresa familiar, la esencia del trabajo.

Mª Jesús. La empresa familiar, la esencia del trabajo.

Apreciada Mª Jesús: He leído con interés la entrevista que en el Diario Vasco del 14 de octubre le realizaban a usted. […]

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